Autora: Merche Real
Sara y Elena eran amigas telepáticas. Una vez, Elena le tuvo que sacar de un apuro chivándole el examen al oído telepáticamente. Salió perfecto y con muy buena nota, pero no terminó ahí la cosa. Al cabo de dos días la profesora llamo a Sara en privado. La mandó sentarse en el pupitre y le dijo: Sara, no quería decírtelo delante de las compañeras pero me he dado cuenta de que este examen no es entero tuyo, la segunda pregunta la has copiado o te la han chivado, es imposible que la hayas contestado al dedillo, por lo tanto me veo en la obligación de ponerte en la última mesa sola en un pupitre.
Y lo cumplió, al mes siguiente tenía el examen de Biología. Se sentó en la última mesa al fondo de la clase, pero se trajo la lección bien aprendida: No copiaré, no volveré a hacerlo, ni me chivarán al oído. Y así estuvo todo el mes desde que habló con la profesora y le dijeron la fecha del examen. Se pasaba los días en casa estudiando e intentando que se le quedará todo en la cabeza. No quería recurrir a su amiga telepática por si la volvían a pillar. Llegó el día del examen, se acomodó en el sitio elegido para ella, la profesora se acercó y se cercioró de que no tuviera ninguna chuleta ni nada que no fuera la hoja en blanco con las preguntas y un bolígrafo. Empezó el examen y contestó automáticamente, se lo sabía de pe a pa. Había aprendido la lección, una que le sirvió para el resto de su vida, en los estudios, en los cuales sacó muy buenas notas y se convirtió en la primera de la clase. Todo el mundo le tenía envidia: “Mira, la listilla, la sabelotodo”. Pero a ella le daba lo mismo, su objetivo era aprender, aprobar estudiando lo que le gustaba, pasaba de las opiniones de los demás. Eso si, no se quedó sola: su amiga telepática siguió siempre a su lado. Con el tiempo terminó la carrera y se convirtió en una bióloga importante.

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